Suponemos que a estas alturas todos hemos oído hablar del caso de la vaca Carmen, pero os ponemos en antecedentes. La vaca Carmen se encuentra en un santuario animal de la Comunidad de Madrid. Para su desgracia, la vaca en cuestión, dio positivo en la prueba de la tuberculina. Según la legislación vigente debía ser enviada al matadero en los siguientes 15 días, en caso contrario, el santuario debería pagar una cuantiosa multa.

Por supuesto, los responsables del santuario se negaron a enviar a la vaca al matadero e iniciaron una campaña en redes sociales para pedir el indulto del animal, que terminó con una petición en la plataforma change.org.

Finalmente, se permitió al santuario no enviar a la vaca Carmen al matadero a cambio de mantenerla aislada.

Un indulto arriesgado

Todos esperamos que las autoridades sanitarias velen ante todo por la salud pública, estando por encima de demagogias y presiones de aquellos más proclives a los argumentos populistas que al rigor técnico y científico. Pero la exposición a las redes sociales y el miedo a tomar medidas poco populares que vayan en detrimento de su imagen parece haber hecho mella una vez más en nuestros políticos.

Uno de los principales alegatos del santuario para no enviar al animal al matadero era que la vaca Carmen no está destinada al consumo humano y que, por lo tanto, no suponía un riesgo de salud pública. Nadie tiene duda alguna de que esta vaca en concreto no va a ser parte de la cadena alimentaria. El problema es que ese hecho no la exime de suponer un riesgo para la salud pública, puesto que la tuberculosis es una enfermedad zoonótica que se transmite, entre otras vías, por la aérea. En este caso, tenemos varios posibles focos de contagio; se trata de un santuario con cerca de 200 animales, los cuidadores y responsables del santuario también están en riesgo y, por último, el recinto del santuario se encuentra en campo abierto, por lo que pueden tener acceso al mismo animales salvajes. Si ocurriera el contagio de cualquiera de ellos, algo no muy descabellado, sí podríamos encontrarnos ante un problema grave de salud pública, pudiendo producirse un brote de tuberculosis, una enfermedad con la que se lleva luchando muchos años para su erradicación.

Los responsables del santuario indicaban, además, que la prueba a la que habían sometido a su animal no era fiable. Es más que probable que la vaca Carmen sea asintomática, pero lo que es evidente, y con esto nos referimos a demostrado científicamente, es que la prueba a la que se la sometió es fiable y consistente; como ya se han esforzado en recalcar en otras ocasiones compañeros veterinarios como Lucas Domínguez, director del Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid y catedrático de Sanidad Animal de la Facultad de Veterinaria, o José Marín Sánchez Murillo, presidente del Colegio de Veterinarios de Badajoz.

Las posibles repercusiones en la lucha contra esta enfermedad

En primer lugar, que la vaca Carmen haya sido “indultada” provocará, con total seguridad, el enfado de miles de ganaderos que ven cómo sus vacas positivas asintomáticas sí tienen que ser sacrificadas cada año, mientras que la Comunidad de Madrid ha permitido al santuario no hacer lo mismo con su animal.

Para estos ganaderos, enviar una vaca positiva a tuberculosis al matadero implica muchas pérdidas, encontrando problemas para la exportación y arriesgándose a un posible cierre de la explotación por un brote de tuberculosis debido a la facilidad de contagio de la enfermedad por vía aérea y la necesidad de controlarla y erradicarla.

En los últimos años ha habido enfrentamientos entre los ganaderos y los servicios y estamentos veterinarios precisamente por los resultados de la prueba de tuberculina y esta situación puede suponer una reactivación de dicha problemática.

La situación actual de la profesión veterinaria en España parece crítica, algo que, aunque no es nuevo, han puesto de manifiesto diversos indicadores que hemos podido conocer en los últimos meses. Ya en la encuesta del Instituto Nacional de Estadística del 2015 los veterinarios eran los titulados peor pagados de España, situación que denunció la Conferencia Empresarial Veterinaria Española. En los resultados del segundo trimestre del año 2016, últimos datos disponibles, vuelven a ser los titulados con menor remuneración, cobrando 1.110,56 euros menos que la media del resto de profesionales sanitarios en España. Los únicos profesionales peor pagados que los veterinarios españoles son los de los sectores de servicios a edificios y actividades de jardinería, servicios de comida y bebidas, actividades de servicios sociales sin alojamiento y actividades deportivas, recreativas y de entretenimiento; siendo de destacar que no se requiere titulación universitaria para ninguno de ellos.

Estos datos, unidos a la ausencia de convenios laborales en la inmensa mayoría de las provincias españolas y al excesivo número de graduados en veterinaria anualmente en España, llevan a estos titulados a una preocupante precariedad laboral; con excesivas horas de trabajo, sueldos bajos, subempleo y condiciones laborales muy duras y estresantes. Por este motivo, se ha puesto en marcha una petición de firmas para solicitar la creación de convenios laborales para la profesión a distintos Colegios Profesionales. 

 

¿Un MIR para los veterinarios mejoraría su situación?

 Por otra parte, Juan José Badiola, presidente del Consejo General de Colegios Veterinarios, reclama la introducción de los veterinarios en el sistema MIR, al igual que ocurre con otras profesiones sanitarias; como médicos, psicólogos, enfermeros o farmacéuticos. El grado en veterinaria sigue teniendo una duración de cinco años tras la implantación del plan Bolonia y además sus titulados son garantes de salud pública. Por estos mismos motivos, se solicita y considera necesaria la formación de un área multidisciplinar en salud pública, integrada por veterinarios y farmacéuticos además de por médicos, dando así a los veterinarios el prestigio y valor que merecen.  

La imagen de los veterinarios en la sociedad se encuentra muy desacreditada, sin otorgarles la importancia que éstos tienen para la salud pública y la sanidad animal. Ya hablamos hace poco de la creencia extendida de que el veterinario debe correr con los gastos de los animales abandonados, o incluso debe regalar sus servicios si el cliente no tiene posibilidades económicas. La subida del IVA de los servicios veterinarios al 21 % en septiembre de 2012, cuando el resto de servicios sanitarios se encuentran exentos de IVA, contribuye a la falsa creencia de que el precio que un veterinario cobra por sus servicios es elevado. Aunque en octubre de 2016 se aprobó una proposición no de ley para reducir el IVA de nuevo a un 10 %, aún no se ha llevado a cabo.

Confiamos en que las instituciones públicas contribuyan a mejorar la situación actual de la esta profesión en España, otorgando a sus profesionales el reconocimiento y valía que merecen.  

Hace unos días unos amigos veterinarios nos informaban del siguiente debate (si es que se puede denominar así a lo que ocurrió en el medio en cuestión):

http://www.europafm.com/programas/ponte-a-prueba/audios-podcast/deben-asumir-los-veterinarios-los-gastos-de-un-perro-abandonado_201612075848462d0cf27663e10fb7f9.html

Sin entrar a valorar las formas ni el rigor periodístico, que brillaron por su ausencia, y teniendo en cuenta que se trata de un programa que hace de la mofa su razón de ser (todo sea por subir puestos en el ranking de audiencia), centrémonos en el tema que se cuestionaba: ¿deben asumir los veterinarios los gastos de los animales abandonados? Algo que más de uno seguro se plantea a menudo.

 

 Pero, ¿es que acaso hay quien piensa que los veterinarios son entes interplanetarios que levitan por encima del ciudadano medio?; una profesión benévola y solidaria por naturaleza, un extraño colectivo dispuesto, no ya a no cobrar sus honorarios por el trabajo realizado1, como cualquier hijo de vecino, si no a acarrear con los gastos generados por la atención clínica de todo animal abandonado (más de 200.000 perros y gatos en Espala el pasado año), extraviado, o cuyo propietario ande justo de dinerillo (¡quien no lo está con la que está cayendo¡).

El juramento hipocrático del veterinario habla de muchas cosas, de obligaciones y de valores que deben ostentar como guardianes de la salud pública (entre otros) que son; pero de ahí a verse uno obligado a ejercer diariamente el voluntariado...hay un largo trecho; un trecho que unos deciden recorrer (hay numerosas ONG de veterinarios se lo aseguro, basta una simple búsqueda en Google) y otros no, como todas las personas, como todos los profesionales; ¿o es que el veterinario tiene menos derecho que otros a decidir si quiere (o puede permitirse) o no ser solidario? ¿O en qué medida quiere serlo, en que situaciones y con quién?

En la siguiente noticia se desglosa a la perfección todos los gastos de una clínica veterinaria: http://blogs.diariovasco.com/mascotas/2013/01/30/cuanto-cuesta-el-servicio-de-un-veterinario/ Parece mentira que se tenga que justificar el coste de un servicio veterinario de esta forma, pero, en realidad, gran parte de la sociedad desconoce todo lo que implica tener una clínica veterinaria en marcha. Y, lo que es aún más grave, hay quien se permite valorar la ética del profesional veterinario en función exclusivamente de si cobra o no la atención médica a un animal abandonado, o a una persona que no puede permitirse correr con el gasto que conlleva tener una mascota.

Como todo en esta vida, existen diferentes opciones y alternativas, que estamos seguros que el veterinario clínico traslada a las personas que tienen dificultad para abonar un servicio prestado; dependiendo de su valoración personal, de la situación en concreto de la que se trate. Pero, resumir todo a la cuestión de “si no ayudas a un animal moribundo de forma altruista es que no tienes vocación”, no es más que PURA DEMAGOGIA.

A lo mejor es que hay quien no sabe, ni siquiera sospecha, que los veterinarios, además de no ser cooperantes por obligación, no son todos anti taurinos, ni vegetarianos y que los hay que trabajan en plazas de toros, en explotaciones ganaderas, en mataderos... y que gracias a ellos (a estos últimos) podemos confiar en que la carne que ponemos en nuestras mesas, que ofrecemos a nuestros hijos, es segura y de calidad.

Igual tampoco se comprende que a más de un veterinario le guste un buen solomillo, por no hablar del jamón, se lo crean o no...

En definitiva, creemos es un derecho fundamental dejar que cada cual ejerza la solidaridad en la medida que quiera o pueda. Lo que sí está claro, es que sobre la profesión veterinaria en España hay mucho por dar a conocer y que la imagen del veterinario debe potenciarse. En este sentido el Consejo General de Colegios Veterinarios iniciaba el pasado mes de noviembre una campaña de difusión de la profesión dirigida al conjunto de la sociedad: http://www.colvet.es/node/2065

Esperamos surta efecto…

1Definición de “profesión” de la RAE: “empleo, facultad u oficio que alguien ejerce y por el que percibe una retribución”.

 

Parece que vamos a seguir oyendo hablar de resistencias antibióticas y superbacterias mucho en los próximos años. Un tema que las administraciones insisten, y supuestamente los sectores quieren, enfocar bajo una perspectiva One Health, pero sobre el que no dejamos de leer y escuchar informaciones en los medios culpabilizando a una u otra de las partes.

 

Resultado de imagen de FOTOS DE SUPERBACTERIAS

Recordemos que este es un problema generado por un uso poco responsable de los antibióticos a nivel general, tanto en salud humana, como en salud animal. No parece que existan estudios cuyas conclusiones sean decisivas para saber quién y cuanto puso más de su parte en esta historia; unos dicen unas cosas y otros lo contrario…, lo verdaderamente importante, más allá de poner la pelotita en el tejado del otro, y aunque nuestra propia naturaleza se rebele contra ello, es que se implementen medidas urgentes y globales, que afecten a todos los sectores implicados y en todos los países.

De hecho, un estudio llevado a cabo en 2015 por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y el Centro Europeo para la Prevención de Enfermedades (ECDC), destinado a comprar el uso de antibióticos en medicina humana y animal resalta hechos a tener muy en cuenta:

  • El consumo de varios antimicrobianos ampliamente utilizados en la cría de animales fue mayor en animales que en humanos, mientras que el consumo de antimicrobianos de importancia crítica para la medicina humana (como las fluoroquinolonas y las cefalosporinas de 3ª y 4ª generación) fue mayor en los seres humanos.
  •  La situación varía en los diferentes países.
  • Tanto en humanos como en animales, se observaron asociaciones positivas entre el consumo de antimicrobianos y la resistencia correspondiente en bacterias para la mayoría de las combinaciones investigadas. En algunos casos, también se encontró una asociación positiva entre el consumo de antimicrobianos en animales y la resistencia en bacterias de seres humanos.
  • Al resaltar los hallazgos preocupantes, estos resultados deben interpretarse con cautela debido a las limitaciones actuales de los datos ya la complejidad del fenómeno de las resistencias, que está influenciado por varios factores además del consumo de antimicrobianos.

 

Y es que pocos datos parecen tan contundentes y objetivos y se repiten tanto como el de las 25.000 muertes que cada año tienen lugar en Europa como consecuencia de las resistencias antimicrobianas y los 1.500 millones de euros en costes evitables, como resultado de los días de hospitalización.

Dejemos de buscar culpables y vayamos de una vez a los hechos o dentro de unos años tendremos que admitir nuestro fracaso, un fracaso que se cobrará vidas y que tendrá graves repercusiones económicas: Provocará una caída del PIB a nivel mundial del 3% de media (hasta el 5% en los países más desfavorecidos) y arrastrará en todo el mundo a 28 millones de personas a la pobreza.

 

 

 

 

La resistencia a los antimicrobianos, cada más extendida tanto entre patógenos que afectan a los humanos como a los animales, es cada vez un problema de mayor calado para la sociedad. La resistencia de bacterias a la eficacia de los antibióticos ha puesto en alerta a las instituciones de salud de todo el mundo y ocupa una parte destacada en la agenda internacional al más alto nivel.

Naciones Unidas y la Organización Mundial de Salud ya han hecho un llamamiento urgente a la comunidad internacional para adoptar medidas que frenen el avance de estas resistencias antimicrobianas, ya que se estima que, la falta de avances en el logro de nuevos antibióticos y la resistencia desarrollada frente a los actuales provoca ya cerca de 3.500 muertes al año. La ONU estima que podrían morir 10 millones de personas por enfermedades, hoy erradicadas, que dejarían de ser tratables a causa de estas resistencias en 2050.

La solución pasa por encontrar nuevos antibióticos, pero el tiempo se agota y de momento hay que adoptar medidas para prolongar el mayor tiempo posible la eficacia de las sustancias antibióticas con las que contamos a día de hoy.

Para prolongar la vida útil de los antibióticos y frenar las resistencias no queda otra que optar por un uso responsable de los mismos. Y ese ha de ser un compromiso compartido por todos los agentes que de una manera u otra y al sector ganadero le toca asumir desde ya su parte alicuota de responsabilidad. 

Lo que está claro es que España es el país europeo que más cantidad de antibióticos utiliza en la cabaña, y, aunque en absoluto este hecho afecta a la seguridad alimentaria de nuestras producciones, puesto que los periodos de retirada están más que regulados y se cumplen a rajatabla y por imperativo legal, en un futuro más próximo de lo creemos esto podría ser utilizado por nuestros competidores como barrera comercial. Algo que tendría un grave impacto para el sector agroalimentario español, que aporta un 9% al PIB y es un exportador neto que ocupa el cuarto lugar en el mercado comunitario y el octavo a nivel mundial en ventas al exterior.

Partiendo de la premisa de que no se ve cuestionada la seguridad alimentaria y que para garantizar la salud animal y humana los antibióticos son fundamentales, el sector ganadero empieza a ser consciente de la necesidad de adelantarse a la legislación para adoptar todas las medidas necesarias que reduzcan el uso de antibióticos sin comprometer la sanidad ganadera.

Entre las medidas que apuntan los expertos, y aunque obvia, fundamental, les dejamos un dato: solo con medidas de higiene y bioseguridad la carga patógena en una explotación queda reducida al 90%. De entrada, igual que en un quirófano, con agua y jabón ya reducimos la posibilidad de que enfermen nuestros animales.

Pero, aun así, enfermarán y antes de aplicar el tratamiento hay que hacer un buen diagnóstico, es necesario mejorar las técnicas de diagnóstico rápido en el ámbito veterinario. Si además de hacer un buen diagnóstico y a tiempo ajustamos bien dosis, tiempo de tratamiento y vía de administración, ya estaremos contribuyendo a reducir el avance de las resistencias.

Pero no es tan sencillo. Sabemos que consumimos muchos antibióticos en ganadería, por encima de la media comunitaria, pero es fundamental monitorizar para saber en qué especies estamos usando de más, concretamente qué sustancias, porqué, para qué y cómo. Y en eso andan el sector y las autoridades sanitarias de la mano de la Agencia Española del Medicamento, para identificar los puntos de mejora y facilitar al sector las herramientas necesarias para hacer un buen uso de los antibióticos.

El próximo 18 de noviembre se conmemora el Día Europeo para el uso prudente de los antibióticos y el Ministerio de Sanidad presentará muchas de las medidas que contempla el Plan Nacional de resistencia a los antibióticos.

De momento el sector ya va mentalizándose de que el uso preventivo tiene los días contados y que antes o después llegarán las medidas de control estricto que obliguen a llevar un registro de patologías, sustancias antibióticas utilizadas, justificantes de uso, es decir, prescripción facultativa, la receta electrónica y mecanismos de reporte obligatorios a la administración para monitorizar el uso de estas moléculas.

Y como dice el Plan Nacional: Todos tenemos algo que aportar y todos tenemos algo que ganar (especialmente los ganaderos como personas y como criadores de animales) así que: todos a unirse al plan.

Es cuestión de responsabilidad y compromiso con la sociedad.

 

 

 

 

 

 

La situación sanitaria compromete la cofinanciación de los programas de control de esta enfermedad por parte de la UE y lo que es peor aún, pone en serio riesgo las exportaciones españolas.  

 

Así se ha puesto de manifiesto durante una reunión celebrada este miércoles día 19 de octubre en Mérida, organizada por la empresa de salud animal Zoetis y la Junta de Extremadura, y que gha reunido a cerca de 350 profesionales entre ganaderos, veterinarios y representantes de administraciones públicas y universidades.

Bajo el título Tuberculosis en ganado bovino: situación, perspectivas e impacto de las especies cinegéticas, el objetivo ha sido acercar posturas y buscar soluciones eficaces para controlar el avance de la tuberculosis en la región.

La consejera de Medio Ambiente y Rural, Políticas Agrarias y Territorio de la Junta de Extremadura, Begoña García, ha defendido la gestión lleva a cabo por la Junta, apoyándose en la evolución positiva de las cifras de prevalencia y destacando el incremento notable de los presupuestos destinados a los programas sanitarios e indemnizaciones, ayudas a la repoblación de explotaciones con vacío sanitario y a la creación de cebaderos comunitarios, primando las explotaciones afectadas.  

Sin embargo no pece ser suficiente: así lo demuestra el mapeado comunitario de prevalencia para esta enfermedad, en el que  destacan como zonas “calientes” el Sur de España (con un incremento sostenido de los casos detectados desde 2014), Reino Unido y parte de Irlanda. De hecho España, Irlanda, Italia, Portugal, Reino Unido y Austria son los únicos países de la UE que tienen en la actualidad programas de erradicación de tuberculosis aprobados y cofinanciados por la Unión Europea en 2016 con una partida de 62.756.000 €.

Y o nos ponemos las pilas o está claro que nos jugamos esta dotación comunitaria. El objetivo está claro: reducir la presencia de la enfermedad hasta situar la misma por debajo del 2% en 2020, del 1% en 2025, e inferior al 0,1% en 2030. Para ello, tal y como se puso de manifiesto, el sector tiene que ser capaz de comprometerse a todos los niveles con el cumplimiento estricto del Plan Nacional de Erradicación de la tuberculosis, cuestionado por parte de veterinarios y ganaderos ante la puesta en duda de la fiabilidad de las pruebas diagnósticas y la falta de transparencia y descoordinación en los mensajes, según afirman sus representantes.

Los productores reclaman a las administraciones públicas que se publiquen los resultados de los programas y de las inspecciones, que se instaure una línea de ayudas para implementar medidas de bioseguridad en las granjas, y que se incentive a los ganaderos que están trabajando para erradicar la tuberculosis.

Por su parte los ganaderos deberían reflexionar, en palabras de sus propios representates, sobre si toman las medidas mínimas a su alcance: ¿hacen cuarentenas al introducir nuevos animales?, ¿tienen pediluvios o vallan los charcos?, ¿suelen rechazar camiones por falta de limpieza?...

Lo único que parece “blanco y en botella” es que en nuestro país el consumo sigue disminuyendo y que las exportaciones, que mantienen viva nuestra producción, podrían correr peligro de no tomarse cuanto antes medidas que contengan el avance de la tuberculosis.

Esperemos que, de una vez por todas, administraciones públicas, ganaderos y veterinarios sean capaces de aunar esfuerzos en pro del bien común, y de trabajar de forma coordinada para detener el avance de esta enfermedad zoonósica en el vacuno de carne extensivo en España.

 

 

La Agencia Europea de Sanidad Animal (IFAH, en sus siglas en inglés) se ha lanzado a conocer el grado de conocimiento que la sociedad europea, los consumidores, tienen acerca del medicamento de uso veterinario. Los resultados han sido demoledores. (ver nota)

Y no es que nos pille por sorpresa, pero no deja de impactar que un estudio constate lo que ya sabíamos: el consumidor europeo tiene un alto grado de desconocimiento sobre muchos aspectos relacionados con la sanidad animal y el modelo de producción europeo y sus múltiples condicionantes.

A los hechos nos remitimos, y son solo algunos ejemplos: nada menos que el 60% de los encuestados no cree que la medicación tenga impacto alguno en el bienestar de los animales de granja; y más del 40% no cree que la vacunación de los animales sea efectiva para controlar las zoonosis, un asunto que preocupa, sin embargo, a muchos de ellos.

Más de la mitad de los encuestados desconocen que los medicamentos para la salud animal tienen los mismos estándares de seguridad que los destinados a medicina humana, que su prescripción y venta está estrictamente regulada, ni que los fabricantes cumplan con requerimientos legales a la hora de producir, distribuir y vender los mismos.

En cuanto al conocimiento de los modelos de producción, la cosa no va a mejor. Nos encontramos con clásicos realmente arraigados en la percepción del consumidor, como la creencia extendida de que se emplean hormonas y antibióticos para promover el engorde de los animales, aunque en ambos casos exista desde hace años la prohibición de su uso con esta finalidad en la UE (no así en otros países).

El consumidor debería saber que la industria zoosanitaria a nivel global invierte en I+D cerca del 8% del volumen de negocio que genera, que la Unión Europea cuenta con el sistema de autorizaciones, licencias y controles sobre los medicamentos de uso veterinario más estricto del mundo. Igualmente debería tener claro que no se emplean sustancias prohibidas en el engorde de animales, o que la legislación europea es la más estricta a nivel mundial en materia de bienestar animal.

Sin embargo, no lo saben. No lo saben porque no se lo han contado. A la encuesta nos remitimos de nuevo: el 66% de los consumidores consultados afirma no tener suficiente información por parte de los medios de comunicación acerca del uso de los medicamentos veterinarios.

Blanco y en botella. El sector y las administraciones publicas deberían tomar medidas al respecto e informar con claridad a la sociedad (empezando por las escuelas) de cuáles son los beneficios del modelo europeo de producción animal, del uso de medicamentos en animales, tanto desde el punto de vista del bienestar de los mismos, como de cara a salvaguardar la salud pública, sin olvidarse de los requisitos que cumplen estos productos antes de su puesta en el mercado.

Nada nuevo. Si todos los caminos llevan a Roma, en este camino de la producción de alimentos de origen animal, siempre llegamos al mismo punto: ¿se ha dado a conocer el modelo europeo de producción con el que las Administraciones quieren dar respuesta a las demandas de la sociedad?

La aplicación de este modelo, en aras a ofrecer las mayores garantías al consumidor en materia de seguridad alimentaria, salud pública, sostenibilidad medioambiental, bienestar animal no se cuestiona a pesar del importante coste normativo que conlleva y el lastre a la competitividad, en un mercado globalizado, con otros productos elaborados con otros modelos menos garantistas. Sin embargo, flaco favor hacemos a esa sociedad, a la que se pretende proteger, si no la ayudamos a diferenciar y valorar ese modelo europeo de producción y los esfuerzos que implica su cumplimiento.

De momento, quede claro que en Europa, ni hormonas ni antibióticos de engorde. Dato a recordar para la próxima opción de compra.

Os damos la bienvenida a este blog "IndAGAmos" en el que, desde nuestra experiencia como consultores de Comunicación y Marketing especializados en el sector agroalimentario, ganadero, y veterinario, pretendemos compartir reflexiones acerca del camino a seguir para poner en valor los procesos productivos que permiten que los consumidores dispongamos de productos de origen animal y vegetal de una calidad y seguridad excelentes, además de garantizar la sostenibilidad de la actividad agroganadera, tanto desde su vertiente socioeconómica como medioambiental.

  Unos procesos productivos donde la innovación y la investigación constantes permiten el desarrollo de una agricultura y ganadería de precisión cada vez más eficiente, centrada en la optimización de los recursos y respetuosa con el medio ambiente. Pero sobretodo, una agricultura y una ganadera comprometidos con la producción de alimentos de calidad, sanos y saludables.

En ese compromiso coinciden todos los eslabones de la cadena.

Poner en valor los esfuerzos de la industria auxiliar y de insumos en los que se apoya la agroalimentación contribuye a prestigiar toda la cadena, a posicionar la imagen del conjunto de los sectores productivos en el lugar que les corresponde en el contexto social actual, donde tan importante es el producto final como el proceso.

Y en ese proceso pondremos el foco de nuestras indagaciones porque de su buen hacer depende en gran medida la garantía de otro de los pilares de nuestra sociedad: la salud pública.

Más allá de la producción y el consumo la convivencia en un mismo entorno y, sobre todo con los animales nos empuja a prestigiar la figura del veterinario como guardián de su salud, de la cabaña ganadera y de los animales de compañía, y por ende de la nuestra.

Porque la principal conclusión de nuestras primeras indagaciones es que en la agroalimentación y la producción animal no todo vale, hay valores intangibles asociados a la salud, el bienestar animal, el medioambiente, donde la innovación y la investigación aplicada a los procesos productivos tienen un gran peso y condicionan la percepción social del producto final.

Seguiremos indagando y compartiendo con los lectores las reflexiones que surjan en ese trabajo de dar a conocer y valorizar todo lo que hace posible que los alimentos lleguen de la granja a la mesa.