Suponemos que a estas alturas todos hemos oído hablar del caso de la vaca Carmen, pero os ponemos en antecedentes. La vaca Carmen se encuentra en un santuario animal de la Comunidad de Madrid. Para su desgracia, la vaca en cuestión, dio positivo en la prueba de la tuberculina. Según la legislación vigente debía ser enviada al matadero en los siguientes 15 días, en caso contrario, el santuario debería pagar una cuantiosa multa.

Por supuesto, los responsables del santuario se negaron a enviar a la vaca al matadero e iniciaron una campaña en redes sociales para pedir el indulto del animal, que terminó con una petición en la plataforma change.org.

Finalmente, se permitió al santuario no enviar a la vaca Carmen al matadero a cambio de mantenerla aislada.

Un indulto arriesgado

Todos esperamos que las autoridades sanitarias velen ante todo por la salud pública, estando por encima de demagogias y presiones de aquellos más proclives a los argumentos populistas que al rigor técnico y científico. Pero la exposición a las redes sociales y el miedo a tomar medidas poco populares que vayan en detrimento de su imagen parece haber hecho mella una vez más en nuestros políticos.

Uno de los principales alegatos del santuario para no enviar al animal al matadero era que la vaca Carmen no está destinada al consumo humano y que, por lo tanto, no suponía un riesgo de salud pública. Nadie tiene duda alguna de que esta vaca en concreto no va a ser parte de la cadena alimentaria. El problema es que ese hecho no la exime de suponer un riesgo para la salud pública, puesto que la tuberculosis es una enfermedad zoonótica que se transmite, entre otras vías, por la aérea. En este caso, tenemos varios posibles focos de contagio; se trata de un santuario con cerca de 200 animales, los cuidadores y responsables del santuario también están en riesgo y, por último, el recinto del santuario se encuentra en campo abierto, por lo que pueden tener acceso al mismo animales salvajes. Si ocurriera el contagio de cualquiera de ellos, algo no muy descabellado, sí podríamos encontrarnos ante un problema grave de salud pública, pudiendo producirse un brote de tuberculosis, una enfermedad con la que se lleva luchando muchos años para su erradicación.

Los responsables del santuario indicaban, además, que la prueba a la que habían sometido a su animal no era fiable. Es más que probable que la vaca Carmen sea asintomática, pero lo que es evidente, y con esto nos referimos a demostrado científicamente, es que la prueba a la que se la sometió es fiable y consistente; como ya se han esforzado en recalcar en otras ocasiones compañeros veterinarios como Lucas Domínguez, director del Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid y catedrático de Sanidad Animal de la Facultad de Veterinaria, o José Marín Sánchez Murillo, presidente del Colegio de Veterinarios de Badajoz.

Las posibles repercusiones en la lucha contra esta enfermedad

En primer lugar, que la vaca Carmen haya sido “indultada” provocará, con total seguridad, el enfado de miles de ganaderos que ven cómo sus vacas positivas asintomáticas sí tienen que ser sacrificadas cada año, mientras que la Comunidad de Madrid ha permitido al santuario no hacer lo mismo con su animal.

Para estos ganaderos, enviar una vaca positiva a tuberculosis al matadero implica muchas pérdidas, encontrando problemas para la exportación y arriesgándose a un posible cierre de la explotación por un brote de tuberculosis debido a la facilidad de contagio de la enfermedad por vía aérea y la necesidad de controlarla y erradicarla.

En los últimos años ha habido enfrentamientos entre los ganaderos y los servicios y estamentos veterinarios precisamente por los resultados de la prueba de tuberculina y esta situación puede suponer una reactivación de dicha problemática.